26/01/2009
“Después de mí, el diluvio“, dicen que decía Luis XIV, el Rey Sol, seguramente cuando le echaban en cara lo que su alocado ritmo de vida le venía a costar al pueblo francés del siglo XVIII.
El diluvio no, pero sí el vendaval ha llegado estos días a nuestros lares y a todos nos ha pillado en bragas. Lo que más se comenta por aquí es la muerte de cuatro chavalines en un polideportivo de Sant Boi que estaban entrenando justo en el momento en que una racha de viento salvaje entró en el túnel de bateo de beisbol y empujó hacia arriba la cubierta metálica, que cayó y derrumbó una de las paredes sobre los niños.
Dicen que la construcción era correcta desde el punto de vista técnico. Que lo que ocurrió el otro día estaba fuera de toda regla y que, por tanto, que se hundiera aquella chapa es sólo atribuible a una fatalidad imposible de contener. Suena a discurso de Rey Sol, la verdad. No me cuesta visualizar a los obreros saliendo del polideportivo, frotándose las manos en un bíblico gesto de desentendimiento al acabar la faena. Tampoco me resulta difícil pensar en el político de turno, complacido en el hecho de que por cuatro duros la obra estuviese acabada.
En materia de prevención, la sociedad suele prepararse sólo contra lo que resulta más probable que suceda. Raramente se piensa en el worst case, y quienes lo hacemos por deporte a lo largo de la vida recibimos todo tipo de tomatazos. “No se puede ser tan pesimista”, nos espeta el Director de Producción. “Sale muy caro”, nos advierte el Director Financiero. “Tu actitud es negativa”, nos recrimina el Director de Directores.
Será que en materia de bricolaje heredé de mi abuelo una curiosa forma de ver las cosas: Si amarras algo bien, no lo soltará ni una brisa ni una ventisca. Esto es extrapolable a cualquier aspecto de la vida cotidiana. Si te preparas para lo peor, lo normal te parecerá algo sumamente sencillo.
Que no se extrañe nadie de que los imprevistos nos pillen con el paso cambiado. Si algo no se previó es lógico que cuando ocurra nos sorprenda. Sin embargo, no podemos generalizar. Hay gente que prevé y hay gente que no. Volaron varias cubiertas de colegios públicos y polideportivos municipales en Catalunya. No tengo noticia sin embargo de que sucediera algo parecido con las muchas cubiertas metálicas que protegen el interior de nuestras naves industriales. Curioso.
Ahora, que alguien le explique a las familias de los fallecidos que un vendaval era algo que nadie esperaba que sucediera.
Y lo más indignante de todo es que de aquí a cuatro días esto será en los medios de comunicación poco menos que agua pasada.
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